¿Sabes en qué consiste una rotura fibrilar? Como su propio nombre indica, es la rotura de una porción de las fibras que componen un músculo. La gravedad de la lesión y tiempo de recuperación depende del número de fibras rotas, del tipo de músculo dañado, de la zona proximal o distal respecto a la inserción de ese músculo, de la edad del paciente y de su salud metabólica. .
Las roturas fibrilares se producen por una elongación violenta de un músculo, por la contracción con elongación brusca de un paquete muscular o por forzar a ese músculo que está deshidratado, con las reservas de glucógeno bajo mínimos, o que simplemente está agotado.
Hay diferentes grados de lesión muscular dependiendo de dónde se localice la rotura, de la cantidad de fibras dañadas y del tipo de tejido afectado. La clasificación más conocida es la de grado 1, 2 o 3, pero hay diferentes autores que toman referencias distintas para la clasificación.
Cuando se produce una rotura fibrilar el deportista suele sentir como un "pinchazo". Se trata de un dolor agudo, intenso y localizado. Si alguna vez te ocurre eso mientras realizas deporte, es importante que no continúes realizando ninguna actividad física y que acudas a un profesional para que pueda valorar la lesión.
Lo primero que recomendamos es un vendaje compresivo desde el momento en el que se produce la lesión, ya que esa compresión ayuda a que las fibras que se hayan visto afectadas, en menor o mayor medida, no pierdan su continuidad. No hace falta disponer de un ecógrafo para diagnosticar la rotura, aunque, evidentemente, si se dispone de alguno o se realiza una resonancia, es mejor, ya que así se puede determinar con mayor rapidez y exactitud la dimensión de la lesión, comprobar qué estructuras están afectadas y qué tratamiento sería el más adecuado. Pero si carecemos de ello, una manera sencilla que tiene el fisioterapeuta para diagnosticar si existe rotura o no es la exploración.
Para comprobarlo, el lesionado debe contraer el músculo y el fisioterapeuta hacer resistencia a éste. Si hay dolor a la palpación de la zona lesionada, en la contracción isométrica, en la contracción concéntrica y, sobre todo, en la contracción excéntrica, se tratará de una rotura muscular. En cambio, si sólo hay dolor en los tres primeros, es más que probable que el músculo se haya elongado (distendido) sin llegar a romperse.
Una vez determinada la lesión, se recomienda seguir un tratamiento específico. A pesar de que no hay un protocolo estándar, ya que cada deportista y cada lesión es un mundo, desde una fase temprana se pueden realizar ejercicios isométricos para estimular y favorecer la cicatrización.
Durante la fase inicial del tratamiento el fisioterapeuta puede utilizar la radiofrecuencia para reabsorber el edema y el dolor y reducir la inflamación además de técnicas manuales, masoterapia y electroterapia que ayudan a resolver el proceso. Durante esta fase añadiríamos una serie de ejercicios movilidad articular de zonas próximas a la lesión y ejercicios isométricos sin dolor. Luego, se debe continuar con ejercicios concéntricos en el recorrido de no dolor (con goma y sin ella) y poco a poco se deben ir agregando ejercicios excéntricos y otros más intensos y exigentes específicos de cada deporte. Todas las lesiones van cumpliendo fases y cuando se supera una de ellas, según criterios científicos, se pasa a la siguiente.
En cuanto a la prevención, es fundamental tener una buena preparación física, alimentación, hidratación y descanso para tener un buen rendimiento y evitar una lesión de este tipo.