A menudo se tiende a decir de manera genérica que alguien es celiaco cuando lo que tiene en realidad es sensibilidad al gluten, al creer que se está hablando de lo mismo. Sin embargo, se trata de un gran error, pues son patologías diferentes, que lo único que tienen en común es que en ambos casos el consumo de productos que contienen gluten provoca sensación de malestar. Sus diagnósticos, síntomas y tratamientos son diferentes, por lo que no deben confundirse.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que la celiaquía es una enfermedad autoinmune y crónica que se caracteriza por provocar una respuesta inmunológica en el intestino delgado tras la ingesta de gluten. Esta reacción puede dañar la mucosa intestinal, lo que acaba dificultando la absorción de nutrientes y puede provocar úlceras, heridas, inflamación del intestino u otras complicaciones más graves. Por esa razón, es importante que las personas que padecen esta enfermedad dejen de consumir esta proteína que está presente en algunos cereales como el trigo, la cebada, el centeno o la avena.
Los expertos estiman que alrededor del 1% de la población es celíaca, pero la mayoría de las personas que la padecen (6 de cada 7) están sin diagnosticar. Los síntomas que presentan los enfermos son muy diversos y pueden variar bastante entre unos y otros. No obstante, entre los más frecuentes se encuentran diarrea, cansancio, dolor abdominal, náuseas, vómitos, gases, hinchazón…También pueden aparecer otros síntomas no relacionados con el sistema digestivo como anemia, dolor articular, úlceras en la boca, dermatitis, etc.
Mientras que la sensibilidad al gluten es una patología de reciente diagnóstico, diferente a la enfermedad celíaca. En este caso hablamos de una reacción adversa que se produce en el organismo después de consumir cualquier alimento que contiene gluten. Pero a diferencia de la celiaquía, esta reacción no daña al sistema inmunológico ni a los tejidos. Aun así, los especialistas recomiendan a las personas que tienen sensibilidad a esta proteína que eviten los alimentos que la contienen, ya que cuando dejan de consumirlos sus síntomas mejoran.
Al principio, la sensibilidad al gluten puede confundirse con la celiaquía, ya que su sintomatología es muy similar (dolor abdominal, diarrea, náuseas, etc.), predominando en este caso los síntomas extradigestivos como dolor óseo y articular, pérdida de peso o cefaleas, entre otros. Como actualmente no existe una prueba específica para diagnosticar esta patología, cuando los especialistas tratan a pacientes con estos síntomas, lo primero que suelen hacer son pruebas concretas para descartar que se trata de la enfermedad de celiaquía o de alguna alergia.
También hay que diferenciar la celiaquía y la sensibilidad al gluten de la alergia al trigo. Las personas alérgicas experimentan una reacción inmunológica ante la exposición de las proteínas de este cereal (entre las que se encuentra el gluten). Cuando detectan estas proteínas, sus sistemas inmunológicos se defienden de ellas, al considerarlas "dañinas" para sus organismos. La reacción alérgica no sólo puede aparecer tras la ingesta de productos que tienen trigo, sino también con la simple inhalación de estos alimentos. Sus síntomas van desde dolor abdominal y vómitos hasta la conjuntivitis, tos, urticaria o dermatitis utópicas, entre otros.
Así que, si tras consumir productos que contienen gluten, sientes malestar, acude al médico para que te haga las pruebas necesarias y te dé el diagnóstico correcto para que puedas comenzar con el tratamiento adecuado.