El primer sueldo que recibes en la vida nunca se olvida, ya que es la primera vez que otros valoran tu esfuerzo con una recompensa económica. Probablemente, no sea mucho dinero, debido a la falta de experiencia profesional, pero por muy poco que sea, es normal que tengas la tentación de querer emplearlo en algunos de los caprichos con los que llevas tiempo soñando: un ordenador, un viaje, una tablet, un videojuego, un patinete, etc.
Sin embargo, es importante que seas responsable y no gastes todo ese dinero al momento. Pues si aprendes a administrarlo adecuadamente desde el principio, podrás ahorrar a medio y largo plazo, lo que te permitirá tener un colchón económico para futuras compras que necesites realizar y para cubrir los gastos imprevistos que puedan surgir.
Independientemente de como de grande o pequeño sea tu sueldo, conviene que desde el primes mes reserves una parte de él para futuras necesidades. Da igual si al principio la cantidad de dinero es muy baja, pues lo más importante es que vayas acostumbrándote a ahorrar, ya que eso te ayudará a asentar las bases de un futuro financiero sólido. Lo normal es que, a medida que vayas adquiriendo experiencia, tus condiciones laborales mejoren, por lo que entonces podrás destinar más dinero al ahorro.
Para organizar bien tu presupuesto es imprescindible que establezcas un registro de tus gastos y tus ingresos de cada mes. Lo puedes hacer con una sencilla tabla de excel o si lo prefieres, puedes usar alguna de las numerosas aplicaciones sobre ahorro que existen para los móviles.
En este registro debes apuntar por un lado los gastos fijos de cada mes, como puede ser el alquiler del piso, la tarifa del teléfono, Internet, la comida, el transporte, etc. Y, por otra parte, los gastos variables que tengas previstos, pero que no sean fijos, como la ITV del coche, el pago del seguro, la matrícula de algún curso, etc. Esto te ayudará a controlar mejor el dinero y evitar gastos innecesarios.
Una de las fórmulas más conocidas para el ahorro, por lo sencilla y por lo bien que suele funcionar es la del 50-30-20. Se trata de destinar el 50% de los ingresos totales que percibas a los gastos básicos, un 30% a los caprichos y reservar el 20% restante para el ahorro.
Para que esta estrategia sea efectiva es necesario que tengas muy claro cuáles son los gastos básicos, es decir, aquellos que no puedes evitar, como el alquiler o la hipoteca, la comida del mes, el transporte, el calzado, la ropa, o los gastos habituales de la vivienda (agua, luz, cuota de la comunidad, la recogida de la basura…). Pues se trata de que no pongas entre los "gastos necesarios" aquellas cosas de las que podrías prescindir en tu día a día, ya que se trata realmente de un capricho. Por ejemplo, un bolso de marca, ¿es fundamental la suscripción a Netflix para tu día a día? ¿O ir a un partido de fútbol? Por tanto, donde debes hacer un mayor esfuerzo para no caer en compras que no son necesarias en este punto, en el de los caprichos.
La mejor forma de asegurarte de que cada mes destines un 20% de tus ingresos al ahorro, es que en cuanto cobres el sueldo, dejes esa cantidad aparte para que no tengas la tentación de gastarla en caprichos que son totalmente prescindibles. En este sentido, conviene que tengas por un lado tu cuenta para los gastos y otra diferente para los ahorros.
Por otra parte, conviene que parte del dinero que ahorres lo destines a un fondo de emergencia del que puedas disponer cuando lo requieras, ya que en cualquier momento puede surgir algún imprevisto que necesites cubrir rápidamente, como puede ser la avería del vehículo.
Si organizas tus finanzas correctamente y aprendes a ahorrar desde el principio, podrás tener mayor libertad y seguridad para vivir en el futuro. Así que, no pierdas la oportunidad de hacerlo, aunque al principio te pueda suponer un gran esfuerzo.