El desarrollo tecnológico ha experimentado un crecimiento tan rápido en los últimos años que en ocasiones no ha permitido su correcto control. El número de nuevas tecnologías, modernos accesorios y de aplicaciones para móvil y ordenador, genera la paradoja de que el usuario se anime a usarlas sin ningún tipo de información previa para conocer sus posibles efectos negativos. En la conocida como era digital, estamos cada vez más hiperconectados y la ciberseguridad se ha convertido en una medida tan necesaria como otra serie de acciones destinadas a protegernos.
Decenas de dispositivos conectados a Internet han llegado a buena parte de la población mundial: ordenadores, teléfonos inteligentes, electrodomésticos de todo tipo o incluso dispositivos de domótica, se han convertido en un nuevo elemento que convive en muchos hogares. La comodidad y la eficiencia que proporcionan estos dispositivos también conllevan riesgos de seguridad que hay que tener en cuenta. Por eso, es necesario aprender a proteger estos dispositivos contra las posibles amenazas cibernéticas.
Entre las principales recomendaciones que se realizan por parte de la Policía, la Guardia Civil y los expertos en ciberseguridad destacan: mantener los dispositivos actualizados de forma regular para poder garantizar su seguridad; hacer un esfuerzo en utilizar contraseñas seguras; configurar con la ayuda de profesionales una red doméstica segura; configurar cortafuegos; proteger, en la medida de lo posible, los dispositivos con software de seguridad o deshabilitar funciones innecesarias que mantengan tu dispositivo conectado a Internet.
Uno de los factores especialmente importantes para tener en cuenta con el uso de las nuevas tecnologías es el uso que se hace de nuestros datos. Hoy en día es muy habitual la petición de algún tipo de registro a la hora de hacer una cuenta en alguna de las muchas Redes Sociales, al instalar una aplicación o incluso para poder acceder a web de ventas de productos.
A pesar de la importante labor que se realiza desde los gobiernos de algunos países, como los europeos, el uso fraudulento de los datos se ha convertido en un problema muy presente para la sociedad, a la que cada vez le suenan menos raros términos como hackers, bots, virus, phishing o suplantación de cuentas, entre muchos otros. Algunos de los principales consejos para no caer en este tipo de estafas son:
- No abrir enlaces extraños sin saber su finalidad, ni siquiera cuando llegue de un familiar o de un amigo. Es importante preguntarle primero qué es ese enlace y si va realmente dirigido a ti. Una mirada con atención te puede descubrir que esos mensajes suelen ir con errores gramaticales, enlaces raros o incluso otra serie de detalles que muestran su falsedad.
- Evitar compartir nuestra información personal con desconocidos. Se han puesto también muy de moda los casos de smishing o la petición de códigos de verificación. Normalmente a través de mensajes que llegan a nuestro móvil en los que tratan de suplantar a empresas o aplicaciones en las que confiamos para que le facilitemos nuestros datos.
- No hacer transferencias de dinero sin estar seguro de la autenticidad de esa petición. Los mensajes haciéndose pasar por un familiar o amigo son otra de las estrategias de los ciberestafadores.
- Recordar que los bancos y las administraciones no te escriben por WhatsApp para hacer preguntas o peticiones de documentación. Una recomendación particularmente útil para poder cumplir con todas estas necesidades es la de saber mantenerse informado sobre las últimas amenazas de seguridad cibernética y buenas prácticas de seguridad, dando una especial importancia a una buena educación en ciberseguridad.