Pues diría que casi de ‘rebote’. Yo venía de practicar ciclismo, desde muy temprano. Estuve compitiendo en ciclismo hasta los veinte años, en todas las categorías ‘sub’. Y a esa edad tuve una pequeña crisis personal, y me llevé unos años sin hacer ningún deporte. Después, volví a correr, hacer gimnasio, la piscina, y al final me ‘enganché’ a través de un compañero que practicaba esta disciplina. Resultó que en la primera carrera conseguí un tercer puesto, nada menos que el Campeonato de Galicia de Media Distancia, y a partir de ahí vino todo lanzado. El triatlón son tres deportes en uno.
Obviamente, la más sencilla y que mejor se me da, por mi experiencia, es el ciclismo. En contrapartida, la más complicada es la natación. Es ahí donde suelo perder más tiempo en las competiciones, y por eso es la que trabajo con más esfuerzo.
Pues mira, diría que es un trabajo constante, incesante, con varios picos de intensidad. Este año toca competir en Sevilla, en Orihuela, en Pamplona, en Guadalajara, y finalmente, en Embrun el 15 de agosto. Se trata del ironman más exigente del mundo, con 3,8 kilómetros de natación, 186 kilómetros de bicicleta y 42,2 kilómetros de maratón. Esto implica una preparación muy rigurosa, con una media de treinta y cinco horas semanales de entrenamiento. Lo que se traduce, a la semana, en 400 kilómetros de bicicleta, unos 60 de carrera y unos 25 de natación.
Estamos muy contentos con la compañía, porque saben responder a nuestras necesidades. Tenemos todos los seguros con ellos. Además, a través del patrocinio, llevamos su marca en todas las competiciones. De hecho, en España existe una escasa penetración del sector asegurador en el triatlón, siendo Helvetia Seguros una de las excepciones.
Es cierto que vivimos cierta masificación. La principal evidencia son las cifras de inscritos en cualquier carrera puntuable para el Campeonato de España. Antes, no llegaba a 200; ahora, puede superar los 800 inscritos. En una prueba de duatlón celebrada en Avilés, por ejemplo, se habían inscrito 1.700 personas. Ahora hay mucha más competitividad, lo que obliga a mayores esfuerzos, si bien existen claramente dos grupos: uno, formado por atletas, digamos, profesionales; y otro, el más extenso, formado por aficionados.
En absoluto. La simple inscripción a cualquier prueba ya cuesta entre 150 y 300 euros. Eso, sin hablar de los gastos de desplazamiento y de alojamiento, que corren por tu cuenta. Yo tengo la suerte de que mis padres y mi pareja, que es profesional de las Relaciones Públicas, me han ayudado mucho con la actividad de búsqueda de sponsors. Pero hay otros muchos que tienen muchas dificultades para moverse y captar patrocinios. Esa parte invisible es la que de verdad te permite competir en la élite, de manera que tú puedas concentrarte en las carreras. En ese sentido, tengo que agradecer la sensibilidad que he encontrado en Helvetia Seguros.