Qué lejos queda ya aquel día de 1900 en el que se puso la primera matrícula a un vehículo en España. Se trataba de un Clement 2CV de Palma de Mallorca y su numeración era muy sencilla: PM-1. Desde entonces hasta ahora, el sistema de identificación de las matrículas en España ha cambiado mucho.
Hasta el 18 de septiembre del año 2000, las matrículas nos "chivaban" de qué lugar era el propietario del vehículo, ya que estaban compuestas por un código de dos letras que nos indicaba la provincia española en la que había sido matriculado, cuatro números y una o dos letras finales. Sin embargo, esto cambió a partir de ese día, ya que en ciudades como Barcelona y Madrid se estaban agotando las letras del abecedario y las combinaciones de números. Así que se decidió eliminar la identificación de las provincias en las matrículas, unificarlas todas bajo la bandera de la Unión Europea y añadirle tres letras.
Actualmente las matrículas ordinarias de los coches españoles están formadas por cuatro números y tres letras, entre las que no se incluyen las vocales ni las letras Ñ y Q. Lo de las vocales se ha hecho para evitar que se formen palabras mal sonantes o acrónimos. Pero, y lo de las otras dos letras, ¿a qué se debe?
La respuesta es muy sencilla. Las letras Ñ y Q a distancia pueden confundirse con la N y la O, así que, para evitar errores, se ha optado por eliminarlas y no incluirlas en la numeración de las matrículas.
Pero estas no son las únicas curiosidades. En España, a diferencia de otros países como Reino Unido o Estados Unidos, las matrículas no se pueden personalizar. La mayoría de ellas son blancas, con las letras y los números en negro y llevan la bandera de la Unión Europea. Aunque hay algunas excepciones. En nuestro país también existen matrículas rojas, verdes, azules y amarillas.
Seguro que, a partir de ahora, te fijas más en estos detalles cuando te encuentres alguna matrícula más "extraña".