En los últimos años, gracias a la innovación y la tecnología, se han desarrollado nuevos medios de transporte sostenible que no perjudican al medioambiente y que son una alternativa frente a los vehículos tradicionales. Los eléctricos son los más conocidos, pero también existen otros, como los de hidrógeno, que ofrecen importantes ventajas.
Los motores de estos coches utilizan celdas de combustible que combinan hidrógeno con oxígeno atmosférico para generar electricidad, por lo que no emiten emisiones de CO2 u otros gases contaminantes a la atmósfera, tan solo vapor de agua.
Uno de los principales beneficios de los coches de hidrógenos es que tienen mayor autonomía que los coches eléctricos, por lo que son más convenientes para realizar viajes largos. Su tiempo de repostaje es mucho menor, ya que tan sólo se requieren entre tres y cinco minutos, mientras que los eléctricos tardan una media de 30 minutos en cargarse completamente.
Por otra parte, hay que destacar que el motor de los coches de hidrógeno no requiere de un gran mantenimiento a diferencia del de los eléctricos y los de combustible. Además, estos vehículos soportan mejor las temperaturas extremas, mientras que el rendimiento de los vehículos eléctricos suele disminuir en esas circunstancias.
Otra de las ventajas de estos coches es que, al igual que los eléctricos, no contaminan acústicamente, ya que sus motores apenas emiten ruido.
A pesar de las ventajas que tienen los coches de hidrógeno, su presencia aún es escasa en España y en el resto del mundo. Actualmente existen muy pocos modelos de estos vehículos y los que se están comercializando tienen un precio bastante elevado en comparación con el resto de coches, por lo que no son asequibles para gran parte de la población. Y es que para la fabricación de la pila de combustible se requieren metales tan valiosos como el platino.
A esto hay que sumar las pocas "hidrogeneras" públicas que hay en España. Las estaciones de carga de hidrógeno son necesarias para el repostaje de estos vehículos, de manera que, para que estos coches cuenten con los suficientes puntos de repostaje por todo el país, se deben construir más "hidrogeneras" o transformar y readaptar las actuales gasolineras de combustible y, para eso, se requiere de una gran inversión económica.
Otro punto negativo de estos coches es que la vida útil de las pilas de combustible y de los depósitos de hidrógeno que utilizan es muy limitada (15 años como máximo). Además, suelen tener un maletero muy pequeño debido a que gran parte del espacio está ocupado por los elementos especiales que tiene, como la pila de combustible, el tanque de hidrógeno, el conversor, etc.
Todo esto nos lleva a pensar que los coches de hidrógeno son una gran alternativa de transporte sostenible para el futuro, pero no parece que vaya a serlo a corto plazo, ya que aún se deben solucionar los principales problemas que dificultan su presencia en la sociedad actual.