El consumo de agua es esencial para el ser humano en todas las etapas de su vida, sin embargo, a medida que las personas envejecen tienden a perder mayor cantidad de líquido y su sensación de sed disminuye, lo que puede provocar que beban menos agua de la que realmente necesitan. Por eso y por otros factores, los mayores son especialmente propensos a sufrir una deshidratación, un problema que, si no se detecta a tiempo, puede derivar en graves complicaciones de salud.
Estos son algunos de los síntomas que suelen aparecer en una persona mayor cuando sufre un cuadro de deshidratación:
- Boca seca.
- Sequedad en la piel.
- Calambres musculares.
- Presión arterial baja.
- Sensación de cansancio y fatiga.
- Poca orina (y más oscura de lo normal).
- Dolor de cabeza.
En los casos más graves, también pueden darse mareos, confusión mental, vértigo, aumento del ritmo cardíaco, respiración rápida, desorientación, etc. Todo esto puede provocar mayor riesgo de caídas, la pérdida de efectividad de algunos medicamentos o la aparición de otras patologías como insuficiencia renal, infecciones, úlceras, etc.
Es importante que, ante cualquiera de estos signos, se acuda cuanto antes al médico para que valore el estado del enfermo y determine cuál es el tratamiento más adecuado para su recuperación.
Para que los mayores se mantengan bien hidratados es fundamental cuidar su alimentación y controlar la cantidad de agua que ingieren al día. Los expertos recomiendan que sigan una dieta equilibrada, en la que no falten las frutas y las verduras, y que beban agua con frecuencia durante todo el día, aunque no tengan ganas. En este sentido, la labor de los familiares y los cuidadores es esencial, ya que ellos deben recordarles la importancia de estar bien hidratados ofreciéndoles agua constantemente, a pesar de que no tengan sed.
Aparte de esto, también es importante que las personas de la tercera edad eviten el consumo de alcohol, café y bebidas energizantes. Tampoco deben llevar ropa demasiado ajustada ni realizar comidas pesadas que requieren un mayor esfuerzo para ser digeridas. En verano, si es posible, es preferible que salgan a la calle en las horas en las que el sol no sea tan intenso.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que algunos medicamentos como los diuréticos o los laxantes pueden provocar mayor pérdida de líquidos en las personas mayores. De manera que, en caso de tomarlos, conviene consultar con el médico si es necesario aumentar la cantidad de agua ingerida al día o ajustar la dosis de la medicación.
Si se tienen en cuenta todas estas recomendaciones, la probabilidad de que una persona mayor sufra una deshidratación será menor y, por tanto, también las posibilidades de que desarrolle a consecuencia de esto otras patologías que pongan en riesgo su bienestar.