Tener más de 55 años no debe significar caer en el sedentarismo ni en la rutina, sino todo lo contrario. Es una etapa ideal para afrontar nuevos retos personales y realizar actividades que mantengan la mente y el cuerpo activos, aprovechando que se suele disponer de mayor tiempo libre. Por ello, es un buen momento para aprender un nuevo deporte o retomar esa actividad que se dejó de practicar por falta de tiempo.
Diversos estudios han demostrado que hacer deporte con regularidad mejora la movilidad, fortalece la musculatura y potencia la vitalidad, lo que contribuye a un envejecimiento activo y saludable. Además, el ejercicio favorece a la salud mental, ya que cuando se practica, el cuerpo librera endorfinas que ayudan a reducir el estrés y la ansiedad. También mejora la calidad del sueño, contribuyendo de esta forma a un estado de ánimo más positivo y a una mayor concentración. Y si se practica en grupo, incluso fomenta la socialización, combatiendo de esta forma el aislamiento y la soledad.
Así que, si formas parte de este grupo de personas, es importante que el deporte forme parte de tu rutina diaria, no sólo por tu salud y bienestar, sino también para disfrutar de cada día con mayor energía, entusiasmo y calidad de vida.
Si no has sido especialmente activo/a a lo largo de tu vida, lo mejor es que comiences poco a poco con actividades de bajo impacto, que se adapten a tu condición física, con las que puedas ir progresando. Aquí tienes algunas de ellas:
Senderismo: con esta actividad, que no te demandará un gran esfuerzo, puedes aumentar tu resistencia cardiovascular y fortalecer las piernas, mientras disfrutas de la naturaleza y descubres nuevos paisajes.
Natación: El ejercicio en el agua reduce el impacto en las articulaciones, por lo que es excelente para que tonificar los músculos, mejorar la coordinación y favorecer la circulación.
Yoga y pilates: con estos dos deportes podrás relajarte y a concentrarte, al tiempo que mejoras tu flexibilidad, equilibrio y fuerza.
Ciclismo: lo puedes practicar al aire libre o desde una bicicleta estática en casa para potenciar tu circulación sanguínea y capacidad pulmonar y fortalecer tus músculos.
Ejercicios con pesas: No necesitas levantar mucho peso, puedes usar tu propio peso corporal, bandas de resistencia o pesas ligeras para mantener tus músculos fuertes.
Pádel: este deporte te ayudará a tener mayor coordinación, equilibrio y agilidad, cualidades clave para evitar posibles caídas. Además, como se practica por parejas, podrá servirte para socializar con otras personas.
Baile: ya sea salsa, reggaetón, merengue o sevillanas, lo esencial es que te dejes llevar por el ritmo, porque al moverte, ya estás ejercitando el cuerpo.
Lo verdaderamente importante es que elijas una actividad que te divierta, ya que si la disfrutas, la practicarás con mayor regularidad. Al final, se trata de incorporar un hábito a tu rutina que te ayude a mantenerte en forma y a cuidar tu salud física y mental a largo plazo, sin que lo sientas como una obligación.